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    Para preservar el legado de San Juan Pablo II

    Comentarios Del Caballero Supremo Carl A. Anderson

    Hace dieciséis años, el Papa Juan Pablo II viajó a la Ciudad de Nueva York para hablar ante la Asamblea General de las Naciones Unidas. Dijo que venía “como un testigo: testigo de la dignidad del hombre, testigo de esperanza, testigo de la convicción de que el destino de cada nación está en las manos de la Providencia misericordiosa.”

    En Spe Salvi, el Papa Benedicto XVI lo dijo así: “Dios es el fundamento de la esperanza; pero no cualquier dios, sino el Dios que tiene un rostro humano” (31) Éste es el mensaje que nosotros los Caballeros debemos compartir, de tantas formas, en tantos lugares y con tantas personas como podamos.

    “Nunca es demasiado tarde para tocar el corazón del otro, escribió el Papa Benedicto XVI. Como cristianos, nunca deberíamos preguntarnos solamente: ¿Cómo puedo salvarme yo mismo? Deberíamos preguntarnos también: ¿Qué puedo hacer para que otros se salven y para que surja también para ellos la estrella de la esperanza?” (48)

    Todos nosotros hemos tenido el privilegio de ver y escuchar al San Juan Pablo II, en persona o por televisión. Lo hemos conocido, y hemos sabido que es un amigo especial de Caballeros de Colón. Creo que las generaciones futuras recordarán con envidia que así fue. Y creo que también nos preguntarán lo que hemos hecho para conservar vivos su memoria, su legado y su visión.

    En su mensaje de 2003 a Caballeros de Colón, el Papa Juan Pablo II escribió: “Al dar testimonio de ‘la fe que funciona a través del amor’, los Caballeros pueden ofrecer a nuestro mundo una poderosa señal de la presencia del Reino de Dios y una atractiva invitación para volver a descubrir las razones de la esperanza de la Iglesia. Este testimonio de una esperanza que nunca decepciona es especialmente importante.” Hoy en día, con gran orgullo les informo que gracias a la reciente acción de su Junta de Directores, Caballeros de Colón será uno de los primeros en preservar su legado para las generaciones venideras.

    El año que entra, en estrecha colaboración con el Cardenal Donald Wuerl de la Arquidiócesis de Washington y el Arzobispo Allen Vigneron de Detroit, estableceremos en Washington, D.C., un centro nacional y El Santuario Nacional de San Juan Pablo II. Estableceremos también un museo permanente de la vida y el papado de Juan Pablo II, y para otorgar una expresión perdurable de su deseo de promover la unidad y la solidaridad entre todos los pueblos de nuestro hemisferio, estableceremos un museo para celebrar los 500 años de la herencia católica del Norte de América. Será un lugar donde los peregrinos de habla inglesa, francesa y española de todo el Norte de América se encontrarán con la misión y el legado de uno de los más grandes papas de la historia. Y será un lugar donde seguirán experimentando su bendición, y también donde nuestros hijos y nietos aprenderán sobre su gran herencia como católicos. Será un lugar donde se sentirán orgullosos de ser católicos.

    Para alojar este proyecto, hemos adquirido el Centro Cultural Juan Pablo II de Washington, D.C., situado en la misma calle que tres instituciones que Caballeros de Colón ha financiado durante largo tiempo: la Basílica del Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción, la Universidad Católica de América y la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos.

    Este Santuario, fiel a la visión del Papa Juan Pablo II, y usando la historia de su vida como inspiración, será la oportunidad de evangelizar y difundir la buena nueva del Evangelio por medio de una Nueva Evangelización.

    Hace apenas unos días, recibí una carta del Cardenal Tarcisio Bertone, el Secretario de Estado del Vaticano, que expresaba su apoyo a este proyecto, diciendo:

    “Ofrezco con sinceridad los mejores deseos para el éxito de su realización. Agradezco particularmente el deseo de los Caballeros, no solo por cultivar la devoción por el desaparecido pontífice, sino por difundir sus sabias enseñanzas sobre la compleja y rica interacción de la fe y la cultura en el Nuevo Mundo… Me da mucha satisfacción que su Orden desee llevar adelante esa visión como parte de su compromiso con la nueva evangelización y el fortalecimiento del testimonio de la Iglesia por Cristo en todos los niveles de la sociedad Norteamericana.”

    El Papa Juan Pablo II vino a Estados Unidos en siete veces diferentes. Entre sus viajes incluyó su participación en la Jornada Mundial de la Juventud en este continente en una de sus múltiples visitas a Canadá. Su primer viaje internacional como Papa fue a este continente también, a la Ciudad de México, a visitar a la Madre de las Américas, Nuestra Señora de Guadalupe. Y se calcula que cinco millones de personas – una de las mayores aglomeraciones de la historia – asistió a su Misa en Manila el 15 de enero de 1995.

    Por sus incansables esfuerzos de evangelización, toda una generación de católicos ha llegado a ser conocida como la Generación de Juan Pablo II, y no cabe duda de que nos sentimos honrados de seguir difundiendo su profundo y poderoso mensaje de esperanza para nuestro país, nuestro continente y nuestro mundo.

    Durante el año pasado, me he reunido con el Papa Benedicto XVI y lo he oído dar las gracias a los Caballeros de Colón por sus múltiples aportaciones a la Santa Sede. Visité Dartmouth College y la Academia Naval, y vi el futuro de la Orden en esos jóvenes llenos de motivación. En América Latina, he visto personalmente tanto los sacrificios como el bien que los Caballeros de Colón realizan en México y en Cuba.

    He tenido el honor de representar a la orden en la beatificación de Juan Pablo II en Roma, y de unirme a los numerosos Caballeros de Canadá en la canonización del hermano Andrés. Por medio de los incontables actos de caridad de miles de consejos locales, sabemos que John F. Kennedy tenía razón cuando dijo que, aquí en la tierra, debemos hacer nuestra la obra de Dios. Muchas personas son testigos cada día de nuestras obras de caridad en todo el mundo donde ahora saben que existe una nueva esperanza.

    Nuestra obra da frutos al restaurar la esperanza: para los niños de Haití, los huérfanos del SIDA en África, las familias de Pakistán, y, más cerca de nosotros, para los niños que tienen frío en invierno, las comunidades azotadas por desastres naturales y las familias que pasan hambre todo el año.

    Hermanos Caballeros, estamos llamados a dar testimonio de esperanza, no solo entre nosotros, no solo en nuestros consejos, parroquias y comunidades, sino ante el mundo entero. “En esperanza fuimos salvados”. Vayamos a compartir la esperanza salvadora. Vivamos de una manera diferente – con esperanza – de manera que podamos ayudar a otros e inspirar a otros. Éste es el testimonio al que están llamados los hombres fuertes. Éste es el testimonio de Caballeros de Colón.